martes, abril 27

El moco que vino a cenar

Ya habían pasado tres noches desde que Felipe dejó de tener aquellas pesadillas. Por eso dejó de comerse los mocos. Ya no le apetecían, al menos no después de ver lo malvados que pueden ser. Su madre siempre le decía que ya no se los comiera, pero sólo por molestar, igual que le decía que no se mordiera las uñas ni le jalara el pelo a las niñas.

Una mañana, Felipe despertó tremendamente feliz, porque ni tuvo pesadillas esa noche, ni tuvo que comerse la horrible sopa de brócoli que su mamá, quién sabe porqué, siempre preparaba para el desayuno. Entonces supo que aquel sería un día fantástico.

Cuando llegó a la escuela, recordó que no había hecho su tarea de Español, pero él fue el único que se acordó, porque ni siquiera el profesor se acordaba . UF! Menos mal. Si su madre encontraba otro sellito de "No hizo la tarea" lo llevaría al dentista TODOS LOS VIERNES! Eso estuvo cerca.
Durante el receso, Laura le dió su pastel de chocolate a cambio de un apestoso chanwich de huevo con mostaza y brócoli, y Pablo le regaló su colección de tazos, porque su tía leyó en la Internet, que estaban hechos de huesos de french poodle.
En fin, todo el día estuvo lleno de increíbles sorpresas. Y cuando llegó la hora de la cena no fue diferente.

En la mesa estaba su padre, agotado después de un día de trabajo, con sus pantuflas de conejo amarillo; su madre, feliz, comiendo la ensalada de brócoli que preparó para cenar (y es que a la Señora Mamá de Felipe, el brócoli le gustaba mucho...FUCHI!); su pequeña hermana Xóchitl, que nunca dejaba de jugar con su lindo balerito pintado a mano; y Felipe, odiando su ensalada de brócoli, haciendo caras raras cada vez que masticaba.

Las muecas de Felipe divertían a su familia. Todos reían, hasta que notaron que de la nariz del chamaco colgaba un moco. Le dieron una servilleta para que se limpiara, pero el moco se agarró con fuerza de los pelitos de la nariz, y no se soltó. De hecho, el moco comenzó a crecer y crecer y crecer y crecer, hasta que alcanzó el tamaño del papá de Felipe. Todos estaban boquiabiertos, con los ojos casi saliéndose de sus caras. Finalmente, el moco se soltó de la nariz de Felipe. Lentamente el moco comenzó a tomar una extraña forma. Le salieron unos cuantos ojos, unas cuantas narices, y muchos brazos y piernas. Caminó al rededor de la mesa. Todos estaban más sorprendidos que atemorizados, a diferencia de Felipe, pues esto se parecía mucho a sus pesadillas. De repente el monstruo hecho de flemas se detuvo justamente atrás del Señor Papá de Felipe, lo miró fijamente a los ojos, y dijo con una voz más bien chillona: -Soy el Rey Moco, y TENGO HAMBRE!- Y de un bocado, devoró al señor. Luego fue a comerse a la Señora, y después a Xóchitl. Ahora sólo quedaban en la mesa Felipe y el Rey. Felipe, desafiando al moco, y recordando sus pesadillas, dijo firmemente: -Tú no puedes hacerme nada, pues sé justamente cómo derrotarte-. El Rey Moco se reía del ingenuo chamaco, y, divertido por el atrevimiento del niño, le preguntó: -¿Ah, sí, y cómo?-
-Todo lo que tengo que hacer es despertar y todo estará como nuevo, y aunque tenga que comerme la cochina sopa de brócoli, tú ya no estarás aquí.- Entonces Felipe juntó todas sus fuerzas e intentó despertarse, pero por más que trataba, el Rey Moco no desaparecía. Entonces se dió cuenta de algo horrible... NO ESTABA SOÑANDO!
El gran monstruo mocoso se acerco a Felipe, que estaba muriéndose de miedo, y, cómo había hecho con su familia, lo devoró de un bocado. El Rey Moco aún no estaba satisfecho, y también se comió los platos, la askerosa ensalada, las sillas, la mesa, el refrigerador, el auto, y la casa entera. Cuando por fin quedó satisfecho, se acostó en la hierba y durmió un rato. El mocote había comido tanto, que tuvo pesadillas... Soñó que todos los niños del mundo llegaban a comérselo mientras dormía.

2 comentarios:

  1. Hey!

    Me ha encantado este cuento corto XD sta pkm!
    La verdad eres muy bueno para esto, sigue así!

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    Kike

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  2. Oh, gracias kike, me alegra que te haya gustado

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